
En la sala de un consultorio veterinario se encuentran dos perros:
Un hermoso pastor alemán y un doberman, igualmente grande y bello....
El pastor le pregunta al doberman:
Por qué estás aquí?
Bueno, a mí me van a sacrificar...
Ah, caray! ¿Y por qué?
Bueno, el caso es que le mordí la mano a mi dueño.
Oye, ese no es motivo... ¿no te pueden perdonar?
Es que le saqué un dedo del mordisco que le dí...
¡No chingues! ¿Por qué hiciste eso?
No sé, simplemente sentí ganas de hacerlo...
Pero dime, ¿por qué estás tú aquí?
Bueno, lo mío fue también cuestión de ganas....
Me estaba bañando con mi dueño, él se agachó para recoger el jabón y no me aguanté las ganas... me le fui por detrás, lo sujeté con mis patas y me lo atoré.
¡¡Aaaaaay, no maaaaaaaames, cabrón!! ¡¡Segurito que a ti también te van a sacrificar!!
Puesss, fijate que nó. ...a mí solo me van a cortar las uñitas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario